Este fin de semana ha sido el cumpleaños de N.
10 años.
Madre mía, cómo pasa el tiempo.... Hace nada era un mocosillo que no levantaba dos palmos del suelo y se quedaba dormido al menor movimiento, incluso yendo en bici.
Ahora se ha convertido en un pre-adolescente en la edad del pollo (así lo llamo yo, ya que todavía no se puede decir que sea la edad del pavo).
Hace unos días, fui a la jornada, Hoy es Marketing, donde uno de los ponentes, comentó que el 89% de los niños de 10 años saben utilizar una consola pero no saben atarse los cordones con habilidad. Tiene razón. N. sabe más sobre el funcionamiento de Iphone, Blackberry, PlayStation y Wii que su padre (y por supuesto, que yo).
Cuando era pequeña, escuchaba decir a mi madre que se daba cuenta de lo mayor que era a través de nosotras. Ahora lo entiendo.....
Bueno, pues para celebrarlo, quiso que la cena del viernes constara de crepes, uno de sus alimentos favoritos.
Nunca me gustaron demasiado los crepes. Mi madre hace siempre una versión "celta" para los días de carnaval: Filloas. Es una versión muy similar, pero que a mi nunca me entusiasmó.
En cambio las crepes, (será por lo glamouroso del nombre y de la procedencia o porque he habituado a mi paladar a comer de -casi- todo), aunque no me apasionan, tampoco las detesto.
La primera vez que las comí fue en una vacaciones que hice con mi amiga del alma M. Hicimos una ruta por el sur de la península y en Tarifa, cenamos un día en una crepería. A ella le encantan, así que accedí con gusto y con esperanzas de que me gustaran.
Me soprendió ver que se podían hacer con todo y que eran algo más suaves que las filloas. Me sorprendieron.
Después de este día, tan sólo las he vuelto a hacer para los niños y por lo que he podido ver, deben salir bien, porque las que sobraron las deboraron para desayunar....
Aquí os dejo la receta.
Que tengáis una feliz semana!!!
